Premio Leaf Awards 2011 al mejor edificio público, junto con el Museo del Surf de Steven Holl.

Edificio de Control CCS del Puerto Exterior de Ferrol en colaboración con Antonio Desmonts Sierra.

Situado en medio del mar, sobre el martillo del dique, abierto a las impresionantes vistas de la ría de Ares, el primer reto que asumió el edificio fue, sin duda, de tipo paisajístico. Para darle respuesta se recurrió a un repertorio formal basado en volúmenes puros que, por un lado, se integran en la geometría del propio dique y, por otro, remiten a las formas propias de la construcción naval.

El edificio lleva el nombre del ingeniero Alberto Martínez Pardo, gerente de la obra del puerto exterior e impulsor de la idea del CCS con este emplazamiento y estas características, fallecido antes de que se terminara la construcción.

El CCS se concibió desde el primer momento como un polo de atracción mediante un edificio acristalado. La Autoridad Portuaria solicitaba un edificio versátil y moderno, que permitiese cambios funcionales a lo largo de su vida útil y que se adaptase fácilmente a los cambios tecnológicos que pudieran surgir en el futuro. Con estas premisas, se proyectó una estructura de planta diáfana en la que los pilares se situaban en su perímetro sin llegar a tocar la fachada; se consiguió, así, liberar toda la superficie para poder realizar cualquier tipo de división y se logró, a su vez, una circulación fluida sin ningún tipo de impedimento. En cuanto al volumen que alberga esta estructura, con el fin de adaptarse al dique, se dividió verticalmente en cinco niveles. Para mayor protección, se pensó en concentrar las actividades en el primer y segundo piso, dejando la planta baja para acceso, instalaciones y almacenes. El tercer piso y la cubierta se destinaron a espacios desde los cuales es posible tener una perspectiva general muy amplia de la actividad portuaria, siempre a resguardo. Por último, se proyectó con elementos constructivos secos, que permiten realizar de forma fácil y natural cualquier cambio futuro.

El proyecto se desarrolló en un atractivo enclave pero con cierta dificultad técnica. Se trataba de asentar una edificación en la parte más extrema de un dique artificial recién ejecutado: las características geológicas del terreno en el que se realizó la cimentación supusieron el primer problema que hubo que solucionar. Así pues, se resolvió la cimentación mediante una losa de hormigón armado monolítica, que permitía transmitir las tensiones uniformemente y sin asentamientos diferenciales. En una segunda línea, la situación del edificio hizo que tuviera que superar pruebas rigurosas, no solo de resistencia estructural, sino también de durabilidad de los materiales.

Así pues, la doble piel del edificio tiene un papel fundamental para su protección. La piel exterior se pensó como un tamiz de lamas de aluminio anodizado, que tiene suficiente inercia para absorber solicitaciones debidas a los agentes meteorológicos. La piel interior de vidrio, acristalada doblemente, se realizó con carpinterías de escuadrías de suficiente rigidez para resistir los esfuerzos marcados. La cubierta doble contenía una primera capa para soportar la carga de la lluvia y una segunda, que ofrecía mayor garantía, para impermeabilizar, aislar térmicamente y evitar condensaciones. Con todo ello, se logró un aislamiento térmico y acústico enfocado hacia la eficiencia energética.