El paseo marítimo, con sus amplios parques, ofrece una dotación extraordinaria de zonas verdes con magníficas vistas sobre la ría del Burgo. La segunda fase de la actuación sobre los antiguos edificios fabriles posibilitó un equipamiento cultural de primer orden, tanto por su tamaño como por su posición central en una zona en plena expansión. De este modo, el centro cultural se convirtió en un polo de atracción y animación urbana no solo en el ámbito municipal, sino en toda el área metropolitana.

Este proyecto planteó tres temas fundamentales a los arquitectos. En primer lugar, dotar al ayuntamiento de Culleredo del edificio que necesitaba, tanto desde el punto de vista funcional y programático como desde el punto de vista simbólico y representativo. En segundo lugar, lograr la integración del edificio en su entorno, poniéndolo en valor como un hito urbano que contribuyera a la mejora urbanística y ambiental de la zona, y conseguir una inversión económica a largo plazo que dotará al edificio de flexibilidad de uso y calidad constructiva, con gastos de mantenimiento reducidos. En tercer lugar, se planteó la construcción de un teatro-auditorio en el edificio C y de una biblioteca en el edificio B.

El edificio C alberga el auditorio, y consta de tres partes perfectamente diferenciadas: C1, C2 y C3. Los edificios C1 y C2 corresponden a la nave fabril existente, y dan cabida, respectivamente, al vestíbulo de acceso y al patio de butacas. El edificio C3 es de nueva construcción y da cabida a la caja escénica y a los camerinos. El cuerpo lateral adosado (bloque E) se dedica a sala de exposiciones. En la parte alta del edificio C2 se sitúan espacios para ensayos y una sala de uso múltiple, utilizada fundamentalmente por el grupo de teatro. El edificio B contiene la biblioteca, que ocupa la mitad del volumen existente. De esta manera, se mantiene la percepción del espacio en sus dimensiones originales. En la última planta se ubica una cafetería.

Se estudiaron cuidadosamente las circulaciones para que las diferentes partes del conjunto pudieran utilizarse sin que las actividades interfirieran entre sí. Al mismo tiempo, se buscó una integración del espacio arquitectónico para que el conjunto se percibiera como un todo unitario. Tanto el auditorio, como la biblioteca, como la cafetería tienen sus propios accesos y sistemas de circulación, por lo que pueden tener un funcionamiento independiente. Se cuidaron especialmente los aspectos relacionados con la evacuación de incendios y la accesibilidad para personas discapacitadas.

Desde el punto de vista formal, todos los nuevos espacios proyectados están concebidos como cuerpos exentos, con una clara volumetría, que se alojan en el interior de las naves existentes, con las que únicamente contactan allí donde resulta imprescindible. El protagonismo arquitectónico reside en las preexistencias, de manera que se les intentó dar un tratamiento singular con el fin de expresar adecuadamente el contraste entre lo viejo y lo nuevo: por un lado, las naves restauradas, con su volumetría original de naves de bóveda de cañón y estructura vista, y, por otro, los cuerpos nuevos a base de volúmenes paralelepipédicos de superficie lisa.

En este sentido, el tratamiento de fachadas también se planteó con el mismo criterio de contraste: las naves existentes, con cerramiento de vidrio, y los cuerpos de nueva construcción, con cerramiento opaco para adecuarse a su uso (patio de butacas, caja escénica, etc.).