El edificio reposa sobre una plataforma de madera que parece flotar sobre el mar y lo envuelve, recogiéndolo para crear una protección contra los agentes climáticos. Como el tubo de una ola o la concha de un crustaceo, esa segunda piel abraza el edificio creando entre ambos un espacio vivible y transitable para el ciudadano, tamizando a la vez la luz y las vistas del mar. Esa forma característica y original supone un nuevo hito urbano para el Puerto de A Pobra do Caramiñal.