Nueva Lonja De Ribeira en colaboración con César Portela Fernández-Jardón

El edificio se concibe como un gran contenedor dentro del cual se llevan a cabo las actividades de recepción, clasificación, venta, manipulación y expedición del pescado con el máximo grado de eficiencia. También se percibe como un hito urbano y paisajístico que contribuye decisivamente a redefinir la fachada marítima de la villa de Ribeira y de su puerto.

Se plantearon un edificio y una ordenación urbanística para conseguir la máxima funcionalidad, resolviendo los requisitos de capacidad con una solución flexible, capaz de funcionar modularmente y susceptible de adaptarse a los cambios que pudieran necesitarse en el futuro. Para ello, se tuvieron en cuenta los siguientes criterios:

Se asignaron unos usos claros a los espacios exteriores, definidos por el frente a cada una de las fachadas, perfectamente separados los unos de los otros, sin posibles interferencias. Las fachadas sur y este funcionan como entrada del pescado por barco, y sirven para las labores de descarga y como frentes de atraque en dos cantiles. En la fachada norte se realizan la entrada y la salida del pescado por camión o furgoneta, y se encuentran los muelles de carga y descarga y los accesos de los trabajadores. La fachada oeste es la entrada del personal de oficina y de los visitantes externos, y funciona también como acceso rodado al aparcamiento subterráneo y en superficie. La terraza-visera en la planta primera (fachadas sur y este) forma un itinerario peatonal de paseo entre el club náutico y el nuevo espacio urbano ajardinado que surgió de la transformación de la antigua entrada norte al puerto.

Se configuró el edificio en dos grandes cuerpos cuya diferencia de forma, volumen y posición expresa la variedad de las funciones que se desarrollan en su interior. El cuerpo situado al oeste alberga los locales destinados a instalaciones y la entrada principal. El cuerpo situado al este, frente a los cantiles, alberga la lonja propiamente dicha. Este cuerpo, a su vez, se configura en cuatro volúmenes que expresan al exterior el modularidad con que se organizan los espacios interiores.

Se compartimentaron los espacios interiores en función de su uso y su temperatura asociada (4 oc, 10 oc o 22 oc), con una organización modular de los espacios y de las instalaciones. De esta manera, la lonja puede funcionar correctamente con distintos niveles de ocupación e intensidad, adaptándose conflexibilidad a las diferentes situaciones a lo largo de la jornada de 24 horas, tanto en movimiento de personal y volumen de pescado como en gasto energético.

Se estableció un sistema claro, rotundo y funcional de circulaciones, tanto interiores como exteriores, horizontales y verticales. Se segregaron por usos y tipos de manera que no pudieran interferir unas con otras, lo que permite las necesarias conexiones puntuales a través de filtros controlados. Los tráficos segregados que quedan resueltos son los siguientes: pescado («sucio» y «limpio»), personas y vehículos.

El proyecto se concibe como un contenedor con dos áreas muy diferenciadas en sus dos plantas principales. En la baja se encuentran los espacios de trabajo tanto de recepción y exposición, como las zonas de minoristas. Sin embargo, en la planta superior, se encuentran los espacios más públicos, así como toda la zona de administración.

Este hecho se refleja claramente en la imagen del edificio, la planta baja se compone de un cerramiento de paneles de hormigón prefabricado, un cerramiento opaco y resistente que protege las zonas de trabajo, y, sin embargo, en la planta superior, ya son espacios abiertos, que juegan con la luz, y con una volumetría que va variando y creando espacios diferentes y atractivos.

Existe un esfuerzo por pensar en el peatón y en como éste usa la lonja, no es únicamente un espacio de trabajo, sino que éste acaba convirtiéndose en una zona de disfrute del peatón con zonas de paseo y terrazas desde las que disfrutar de las magníficas vistas de la ría.

La lonja se compone básicamente de hormigón, y en gran medida con una estructura metálica, que permite la realización de la volumetría tan característica de la cubierta.

El volumen se adapta a la traza longitudinal que marcan los locales de exportadores existentes en la zona. Se compone por un módulo que se va repitiendo, que genera una buena circulación para el óptimo funcionamiento de las zonas de trabajo.

El edificio se convierte en un lugar de referencia en el entorno portuario de Ribeira.