La reubicación de los servicios judiciales en un nuevo edificio situado en un área de expansión de la ciudad de Pontevedra suponía una oportunidad extraordinaria para dotar a toda la zona de un referente arquitectónico.

Del mismo modo, se consiguió que una secuencia de espacios públicos ligara la ciudad existente con un área urbana que estaba sufriendo una profunda transformación.

Este edificio estará comunicado con la infraestructura judicial existente a través de una pasarela, de manera que la nueva sede albergará la jurisdicción no penal y en el edificio existente mantendrá la fiscalía y los juzgados de lo penal.

El proyecto cuenta con seis plantas sobre rasante y dos plantas sótano que se destinan a aparcamiento y archivos. Las plantas baja y primera acogen las estancias públicas y en las cuatro superiores se distribuyen las unidades judiciales.

El  edificio tiene forma circular organizando sus estancias entorno a un patio que sirve para conseguir iluminar y ventilar todas las unidades judiciales.

La estructura del edificio se compone de forjados reticulares de hormigón que permiten salvar grandes luces.